Lo que aquí no funciona como en España
El calor mediterráneo no es la novedad: quien ha pedaleado en agosto por Andalucía o por el Levante ya sabe de qué va. Lo que cambia es todo lo demás, y son cinco cosas concretas.
No hay vías verdes
En el Salento no existe una red de antiguos trazados ferroviarios reconvertidos: nada equivalente a la Vía Verde del Aceite o a la del Carrilet. Se pedalea por carreteras comarcales abiertas al tráfico, estrechas, con un asfalto cuyo estado cambia al pasar de un municipio a otro, y por algún tramo de tierra compacta. Entre las diez y la una de julio y agosto esas mismas carreteras llevan a la gente a la playa: no es un carril propio, es una carretera compartida.
La humedad del Adriático
Otranto está en la costa este, con el mar delante y el aire cargado de humedad. La misma cifra en el termómetro cansa antes que tierra adentro, donde el aire es seco: no se trata de más calor, sino de calor que no se evapora. Quien llega con el hábito de la meseta suele calcular de menos el agua que va a beber.
El viento del suroeste llega a primera hora de la tarde
Por la mañana el aire suele estar quieto. A partir de mediodía se levanta el viento del suroeste, y en la costa sur lo tienes de cara justo en la vuelta, que es cuando ya llevas kilómetros encima. Por eso las salidas largas aquí se planifican al revés que en un puerto de montaña: no importa cuándo hace más calor, importa a qué hora sopla.
En la costa no hay sombra
La franja de costa es piedra, matorral bajo y poco más. Los muros de piedra seca que separan los campos no dan sombra a la carretera, y los pinos empiezan cuando te metes hacia el interior, hacia los lagos Alimini. Si la ruta va por la costa, la sombra no forma parte del plan.
La pausa de primera hora de la tarde es una regla real
Entre la una y las cinco los pueblos del interior se vacían y buena parte de los comercios baja la persiana. No cuentes con encontrar dónde llenar el bidón en Giurdignano a las tres de la tarde. Es la misma costumbre que en España y por el mismo motivo, solo que aquí no hay alternativa: fuera de Otranto no encontrarás una gasolinera con tienda cada pocos kilómetros.